
I.
No me des nada,
porque me guste trazar versos tristes
en cada pedazo de páramo,
por sembrar de hambres
y de gritos con besos gastados
errando los rumbos
sobre papeles mojados.
II.
No me concedas nada,
porque viva el sinsentido de cada mañana
con los sueños encerrados,
con cada migaja entre dos bocas
que queda en la nada aleteando
encofradas de estrofas
y de aromas guardados.
III.
No dejes,
que me atraiga el quejido de las rimas
que invocan el vértigo de tu mirada,
sabiendo buscar tus letras
como naufrago perdido
y esclavo de versos condenados
entre océanos de palabras.
IV.
No me permitas,
ir por la vereda vacía del atardecer
a perderme en una encrucijada,
a leer en las estrellas perecer
los olvidos de tu distancia
consciente al reconocer
sabores en el paladar atrapados.
V.
No me digas nada,
por sentirme atado a lo que escribo
o de hacer trayectos contigo,
mas allá de la triste y espaciosa cadena
abriendo reglones polizontes
sobre papeles ennegrecidos
que se siembran de condena.
VI.
Tan solo,
dame tinta y letras
para calmar las marejadas sueltas,
por esa luz que brilla dando vueltas
y aunque no lo merezco…, déjame que solo lo escriba
en orillas de arenas tendidas
de una isla de horizontes desierta.