El
viento habla
y
le dice al bosque
que
tiene sus secretos guardados,
acompañando
sus latidos
en
un reloj sin agujas
ocultos
a la mirada,
donde
duerme vertical el frío
escritos
en el envés de las hojas
que
se desprenden de las ramas
llevando
su carga a la tierra o el río.
Viento
que vuela
olvidando
el estío
con
la libertad por frontera,
sin
reparos ni reservas,
escondiendo
entre las nieblas
los
auríferos colores
al
custodiar el tesoro
que
la naturaleza ha parido,
flores
en el crisol de sus ojos
encendiendo
el bosque dormido,
al
cubrir sus repletos vacíos
de
ilusiones etéreas
llenando
de huellas sus caminos.
Viento
que canta
baladas
con dulce de miel
cuando
la cigarra se encierra,
acunando
en los cielos
la
abundancia del otoño
que
despliega en su floresta,
dejando
en silencio
al
verano y antes a la primavera,
va
surcando las notas
que
desprenden los duendes
bailando
sobre la hierva.
Viento
que habla, que canta y vuela,
que
lee del rocío
el
frescor de las letras,
que
escribe versos
hasta
terminan un poema,
que
abre su alma
a
las almas de las bestias,
viento
que lo sabe todo,
viento
que todo lo cuenta.
Fotografía de Héctor
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