ya que no llega con la suyas y se emborronan,
confundido entre el olor y el aroma

sin saber que lleva el agua transparente.
Conozco al que cambio belleza por ocaso
sin sacar las manos de unos bolsillos falsos,
dando para la vida y la muerte los mismos pasos
y quedándose inerte como la misma roca.
Se de aquel que por ellas se vende
por el deseo de escribir de ambos,
defiende con los harapos de las manos
la lucha que no comprende.
Conozco al que sucumbió a su suerte
deletreando el vuelo de las mariposas,
encadenado a la vida de las estrofas
y selladas con la tinta de la muerte.
Aquel que se desvanece buscando
esas palabras maravillosas.
Fotografía de Esther Rivera









