Fuérase
un día o dos o diez mil,
que
este cuento se hizo sueño,
un
sueño pueril
que
dejó de ser pequeño,
ese
fecundo instante
en
que nos miramos
encontrando
un eco eterno,
donde
la lluvia nos mojó
sentados
en aquel banco
buscándonos
sin recelo,
un
tiempo colmado
donde
el silencio arropa
de
silencios sin recuerdos,
una
noche que nos abrazó
en
un rincón alejado
de
un amanecer que despertó
con
caricias entre las manos,
palabras
sin decir
sugiriendo
aventuras
que
con gestos nos contamos,
y
el devenir que volaba
entre
las vaporosas nubes
con
las alas de los magos.
Hasta que desperté
una
fría mañana
de
tu presencia huérfano,
y
hoy te encuentro
sin
llegar a encontrarnos,
en
un estante durmiendo
antecediendo
a los versos
con
los verbos difuminados,
regalando
deseos
en
la sombra de tu sonrisa
tras
las letras que firmaste
sin
la voz de tus labios,
donde
escribiste un juramento
con
el alma por regalo,
fuérase
un beso o dos o diez mil,
que
olvidar no olvidamos.
Fotografía de Pedro Garcea