En
la cima de un monte reposa
una
luz que da muerte al día,
es
la flor de la mística olorosa
que
en los sueños del alma se enfría.
Rosa
del aire,
sueño
que cruje,
voz
que no huye,
clave
y umbral,
trampa
sin alma,
río
sin final,
huella
que salta.
Un
susurro se cuela en el aire
de
espíritu errante y sin guía,
tras
el escudo de un viejo linaje
que
en la noche de tiempo latía.
Viaje
sin mapa,
viento
dormido,
aire
de nácar,
sombra
sin tino,
final
que se ríe,
mar
de plata,
eco
que canta.
Bajo
un cielo sin color de nubes
una
ventana de niebla se abre
y
al cruzarla, la voz que huye
tiende
los brazos para abrazarme.
Árbol
sin
nombre,
raíz
que sabe,
luz
en la bruma,
fuego
que arde,
puerta
sin llave,
lago
de Luna,
noche
que nace.
Brota
el instante y retorna el reflejo,
muere
el espejo y todo se esconde.