No
deja marca.
No
abre la boca.
No
se explica.
Llega
como el humo
de
algo que ardió lejos,
pero
te roza y acaricia.
No
lo viste venir,
tampoco
se fue,
se
quedó colgando
en
el hueco del cuello,
en
la pausa antes del sueño,
en
la canción que no terminaste.
No
lo diste.
No
lo pediste.
No
se dijo.
Y
sin embargo, ahí está:
doblando
la esquina
de
tu memoria.
MERGULHAR:
Bucear o mascullar

















