Cae
polvo de un sueño
del
que brotó un flechazo
levitando
sin alas,
de
un amanecer sin raíces
que
viajó en el viento.
La
Luna lo guardó
en
la orilla de un abrazo,
mientras
el sol se encendía
con
toscos lamentos
atado
con un lazo.
Un
rumor de olas
cruzó
el pensamiento
inundando
la estancia,
y
el mar se hizo espejo
con
cada nuevo comienzo,
en
cada nueva etapa.
La
piel fue un lienzo
de
puro intento
por
dibujar un encuentro en el mapa,
donde
la luz pintó
su
propio sueño irredento.
Esa
lluvia sin nombre,
sin
dolor, sin tiempo,
parió
alquimia del vacío
que
alumbro el amor
mas
allá de la sombra del olvido,
mas
allá del sueño que amas.
















