Me
acecha el blanco de un dios dormido,
inmenso
y frío, sin forma ni causa.
La
hoja me mira sumisa, callada, fantasma,
y
no tengo mas destino que el haber escrito
en
este rincón donde el tiempo no pasa.
Tiembla
mi mano, que se olvida del dolor,
como
si las palabras no tuvieran alma.
Soy
lo que no escribo, la sombra que fracasa,
un
eco sin nombre de ese latido perdido
que
en cada línea me encuentra y me aplasta.
Ruego
y pido ayuda de letras al destino
para
intentar concebir palabras.
El
silencio crece y mil voces callan,
temo
encontrarme solo sin nadie ni nada,
frente
al inmundo resplandor blanco de una página.
Morno:
Templado















