jueves, 28 de octubre de 2021

CERA ALEDA

 

Aquella sombría madrugada
caminaba repleta de aromas a santidad,
regalando al viento su mustia soledad
al revolverse viva y alocada.
 
Esa oscuridad sin palabras
donde las lágrimas se quedaron sin filo,
donde las miradas colgaban por hilos
y el tiempo latía de instantes perdidos
que a los ojos cerrados partían,
abriendo el abismo del destino
de entre los sueños que más dolían
fluyendo en las aguas de su negro río,
con el eco de sus versos perseguían
las letras apiladas en un silo
que fueron fundidas por un fuego frio
siendo tan solo almas blancas que fluían.
 
De su mundo oscuro hizo claridad
atrayendo la luz agazapada
en esa espesa alborada
con un intenso beso de luminosidad.
 

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