El
viento se mueve
y canta abriendo las grietas del día,
que se cosen con un hilo invisible
a la sombra de un muro callado.
y canta abriendo las grietas del día,
que se cosen con un hilo invisible
a la sombra de un muro callado.
El viento se arrebata
y enciende los deseos salpicados
sobre las manos,
que vibra de tinta en las páginas
dejando palabras temblando.
El viento se esparce
y su garganta tiembla con la memoria
sobre el vidrio de los tejados,
arrullando a los árboles
con los labios apagados.
El viento se desborda
al escurrirse por callejas
como pez sin agua,
dispersando las ramas
sobre espejos quebrados
al jugar con dichas y llantos.
Su voz es un río
que abre portales cerrados,
un canto de ceniza
con sobras de cuerpos helados,
al dibujar la piel del páramo
y un eco que deja huellas
que nunca son pasos.



























