En
el jardín florece una dulce rosa
de
aroma leve y pétalos de fuego,
su
luz no teme al tiempo ni al sosiego,
ni
a la pasión que en las sombras reposa.
Mi
alma emprendió un viaje sin demora,
cruzando
mar, desierto y frío hielo,
y
halló, bajo un ciprés de terciopelo
el
árbol que hace a la vida soñadora.
No
hay flor sin espina ni sendero
que
no reclame al viento su tributo,
ni
viaje que no empiece por lo austero.
Mas
si al final se encuentra el absoluto,
la
flor regala belleza al mundo entero
y
el árbol da su paz con un saludo.
Fotografía de Pedro

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