Del
silencio se alza una semilla,
como
una piedra sueña con el cielo,
brotando
luz de la grieta mas sencilla
con
cascabeles de alas oscuras
y
un invierno que tiembla bajo su velo;
raíz
en el pulso de la arcilla
que
fue claridad en el borde de un anhelo,
una
llama sin centro ni orilla,
abandonada
a su suerte
tras
el eco tibio que danza en el desvelo.
Pan
que arde sin honor ni rumor
entre
las espigas que bailan un son,
para
ahogar temores y ansias
haciéndose
en la nada un hueco,
sombras
de cuerpos helados
en
un puente que lleva al resplandor
que
se dibujan en la piel del páramo,
la
pluma que deja huellas
pero
nunca marca los pasos.
Jirones
de un silencio
del
que se alza una vividez
sobre
un cartel dando chispazos,
de
una boca donde brotan los besos,
de ese amor sale el amor
y
de sus auroras los ocasos.


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