Cuando
el tiempo fue tiempo
y
el instante se hizo momento,
el
dolor se desdobló
tras
un grito famélico,
notando
un chasquido en el alma
de
una sombra callada
que
como una tabla vieja nadie repara,
borrando
el amor en su balanceo
y
regando el mundo con una lágrima
en
un quebrado aullido sin gargantas.
Ebria
la noche que no se acaba,
un
eco tibio que repite el sonido
del
susurro gris que no se apaga,
las
ansarinas rimas desfilan
cuando
el tiempo pasa
sobre
el misterio de su acechanza,
que
vuela con voz muda
y
un temblor de su vacío
que
nos abraza
en
un roto quejido sin palabras.
Fotografía de Gemma


1 comentario:
Hay noches que no terminan nunca y duelen....
.
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