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Siento
el roce del aire que pasa
y
oigo el rumor del mundo que amenaza,
su
tacto en la piel se disemina temblando
cuando
el ardiente sol se alza,
en
cada sombra que la duda me abraza
soy
lo que miro y la mirada me inflama,
¡y
a quien le importa que no vea nada!
Un
perfume antiguo flota y me embriaga
y
mi razón pregunta lo que el alma calla,
la
voz del viento no escucha quien habla
tras
el eco de un mar que murmura y se arrastra,
y
saboreo el tiempo que pasa y no pasa
al
recordar mi cuerpo lo que la vida reclama,
¡y
a quien le importa que no guste ni oiga nada!
El
tacto del agua mi pulso ensalza
oliendo
el instante que en mi se desgrana,
la
luz no ilumina, se vela y desgasta,
su
brillo ausente se disuelve entre ramas,
toco
el silencio y su forma me aplasta
en
un rumor maldito que mi pecho descalza,
¡y
a quien le importa que no huela nada!
Una
nota vibra, la tarde se alarga,
su caricia me hiere y después me sana,
el
sabor del misterio mi boca prepara
para
tragar ilusiones que nunca descansan,
cada
olor es viento que vuelve y me abraza
y
la materia piensa que ya eres distancia,
¡y
a quien le importa que no palpe nada!
Soy
quien percibe la voz de tus pisadas,
el
camino sin rumbo que te señala,
un
eco de todo que sin tí se derrama,
¿y tu te crees que no siento nada?
Fotografía de Esther Rivera


1 comentario:
Mi querido Poeta, si no sientes nada, dime que has sentido para acariciar las palabras como lo haces?
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