Callada
voz que habita mi alma,
te
sitúo en cada paso, en cada instante,
a
tí, que eres la luz que nunca se acaba,
a
tí, que te imaginé en el silencio,
a
tí, que te encontré y no buscaba,
a
tí, que de luces me llenaste los vacíos,
que
caminas a mi lado sin cesar en el empeño,
que
en tu rostro hallé la ternura del primer beso,
la
misma mirada que en mi ser florece
como
el sol que siempre tiembla en el cerezo.
Y
en el camino viejo,
donde
el tiempo duerme,
tu
sombra es mi sombra,
mi
paz y mi duelo,
no
hay distancia que entre nosotros muera,
pues
eres la senda, mi amor, mi cielo.
El
viento que canta en las tardes lejanas
te
nombra y me nombra,
se
alza y se apaga
con
el eco de nuestros sueños,
tú,
la voz que calma mis resuellos
y
el sentir que el querer siempre sostiene,
tus
ojos, dos estrellas de la noche
donde
mi ser se pierde en su reflejo,
faros
que guían mi destino
y
mi pecho, de tu amor, siempre latiendo.
Hoy,
al mirarte, ya no soy el mismo,
siento
en tu mano la fiel promesa
que
sujeta el lenguaje del silencio,
tan
solo con la miradas,
en
cada suspiro,
en
cada caricia,
con
cada beso,
hacen
de la vida algo eterno.
¡¡¡Felicidades!!!